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martes, 4 de mayo de 2010

Regalo de Cumpleaños, de Ana Patricia Moya

Hoy cumplo quince años. Invité a mis amigos y a mi novio a una gran fiesta en casa, aprovechando la ausencia de mis padres. No faltó de nada: alcohol, regalos - entre ellos, el disco nuevo de los New Kids on The Blocks, un precioso jersey rosa y la novela de Mujercitas -, música, una estupenda tarta de chocolate que ha preparado mi mejor amiga para la ocasión. Mi chico estuvo de lo más cariñoso y atento: no paraba de traerme copas y cigarros, de susurrarme palabras, algunas tiernas, otras cachondas. Yo no quería que esa noche tan mágica acabara. Todo era exceso. Las horas de diversión, entre risas y bailes transcurrieron rápido. Y en la madrugada, despierto, medio desnuda, en el sillón del salón desordenado, con la cabeza dándome vueltas. Algo sube por mi garganta. Vomito en el suelo, sobre la humedad de botellas de ron y whisky derramadas, el desorden de bolsas de patatas vacías y vasos de cristal rotos. La mano sujeta mi frente pesada. Intento recordar. La piel expuesta a este frío mes de invierno tiembla: en mis pechos, huellas de dientes, en mis brazos, hematomas. Y al asomarme entre mis piernas, sangre. Y una punzada de dolor recorre mi vientre. Y recuerdo. Cuando regresó el silencio al piso, a solas con mi amante ansioso, me entregó su especial regalo de cumpleaños. Se bajó el pantalón y me enseñó su orgullo erecto, preparado: me dijo que su regalo era convertirme en una mujer completa, a pesar de mi negativa, pero el cuerpo no obedecía, y aparte, que la última imagen, borrosa, es la de su puño chocando contra mi cara…

Tengo quince años. A pesar de la humillación, ya soy toda una mujer.